Decidió olvidar y la cogió por el cuello. La besó y la besó. Sonreía por su esencia. Le gustaba su sabor.
Pero como todo, la botella se acabó.
Y pasado un tiempo, los demonios volvieron a su mente. Y todo se ennegreció, porque el pasado no se embriagaba con él y le perseguía a todas partes.
Para su desgracia,
los recuerdos
no se emborrachaban.
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