lunes, 28 de mayo de 2012

Cada día hay más gente y menos personas.

Se peina. Una cana queda enganchada entre las púas del cepillo. La mira, se nota que el tiempo pasa y que ya se ha hecho mayor. Aunque hay cosas que siempre quedan marcadas, desde hace veinticinco años un "I regret nothing" adorna el interior de su muñeca izquierda. Y nada es más cierto que eso, no se arrepiente de nada, absolutamente nada. Recuerda el año en que se hizo ese tatuaje, fue cuando tenía diecisiete, se lo hizo sin permiso de sus padres y el propio texto que escribió en su piel era un gesto de rebeldía. En ese tiempo creía ser la reina del mundo, vivía a lo loco, disfrutando sin pensar en las consecuencias de sus actos. Sin preocupaciones. Ahora se da cuenta de lo bien que hizo, pasándolo lo mejor que pudo en su época de juventud. Ahora ya es tarde para todo. Ahora solo le quedan los recuerdos. Pero ¿qué somos sino eso? Somos recuerdos, siempre hemos vivido del pasado. Somos el prototipo de persona que elegimos ser un tiempo atrás. Cuando va caminando por la calle hacia el trabajo se fija en la gente que pasa por su lado. Cada rostro refleja una historia. Hay felicidad, tristeza, euforia, nostalgia, cariño, odio, sonrisas, lágrimas... Historias de gente que ha sufrido y disfrutado de las cosas buenas y malas de la vida. Se pregunta qué reflejará su cara, puede que una mezcla de todo, una mezcla perfecta que ha conseguido crear lo que todos queremos llegar a ser: una persona.

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