miércoles, 14 de diciembre de 2011

Nunca lo entenderás.


Puede que no sea el momento. Quizá sea tarde, quizá pronto. No lo sé. Pero tengo que decirlo. Siento que tengo que hacerlo. Desde aquel día todo cambió. Bueno, en realidad no fue un día concreto, ocurrió de repente. De repente te veía conectado. De repente me dejaste de saludar. De repente nos fuimos alejando. De repente no soy nada. De repente he desaparecido de tu vida. Pero, ¿sabes qué? No te guardo rencor, ni siquiera te odio un poquito. Sé que tú ahora eres feliz, que tu nueva gente te quiere y te hace reír. Pero quiero que sepas que ninguna de esas personas te va querer nunca como te quería (y de hecho te quiero) yo, que nunca ninguna de esas personas va a sufrir por ti como sufrí yo cuando te vi llorar, que ninguna de esas personas ha dado ni dará todo lo que yo di por ti. De todas formas, te deseo lo mejor. Deseo que me olvides, que me borres totalmente de tu mente y tu corazón. Sé que yo solo fui otra simple amistad más. Y espero que cuando yo definitivamente no exista para ti, me veas, nos encontremos por la calle, que nos miremos y recuerdes vagamente a esa amiga, esa niña de quince años que volcó todo su cariño en ti, que te ofreció su amistad sin límites, que rió contigo, que lloró contigo, que siempre estuvo ahí. Y deseo que me eches de menos, y recuerdes mi nombre, y me busques en cualquier sitio que se te ocurra y no me encuentres… Y que sientas un poquito del dolor que siento yo ahora. Ese que no cuento a nadie por no parecer estúpida, blanda, vulnerable. Ese dolor por sentirme engañada con todos tus “te quiero”, “te amo”, “hermana”, “siempre” que no duraron más de lo que todo el mundo esperaba que duraran, mientras yo tenía una eternidad para ti.

No hay comentarios:

Publicar un comentario