lunes, 19 de diciembre de 2011

This is war.


Terminé el recorrido sudoroso, casi sin respiración. Miré a mi alrededor. Era verdad. El movimiento que me rodeaba hacía ver que, el rumor de que la guerra empezaría pronto era trágicamente cierto. Mis compañeros, soldados como yo, transportaban armas, algunas que yo conocía y otras que jamás había visto; grandes, pequeñas, automáticas, semiautomáticas. Muchos tanques se movían en todas direcciones, muchos gritos ordenando más velocidad, mucha gente indecisa, mirando con incredulidad el jaleo que había en el cuartel hoy.

Yo era consciente de que habíamos sido entrenados para defender nuestro país, para sobrevivir en situaciones climáticas nefastas, pero sobre todo a fingir seguridad durante la batalla. Porque, miembro del ejército como era, he de admitir que el saber que la guerra era algo imparable hacía que estuviera siempre nervioso, en tensión, como esperando el momento en que mi vida terminara.

El sol cayó y nos mandaron a las tiendas a dormir. Ocho simples horas donde mi cabeza no paraba de dar vueltas de una idea a otra. Pensé en huir, en no luchar,  en abandonar la batalla, en unirme al otro bando e incluso en un momento dado pensé en quitarme la vida. Hasta que me giré y vi aquella foto. En el retrato aparecían mi mujer y mi hija sonriendo, felices. Me di cuenta de que debía luchar y ser fuerte para salvar mi vida. Por ellas, porque sin sus sonrisas nada era lo mismo. Sabía que vencer sería difícil. Habría más hombres que, como yo, lucharían hasta su último aliento por sus seres queridos, por intentar volver a verlos.

                                                           *          *          *

Los tanques y las armas me rodeaban. Cogí una y miré al frente. Allá en la lejanía podía ver y oír a mis compañeros dando todo en la pelea. Jamás imaginé que me arrepentiría tanto de ser soldado hasta que llegó el momento en que disparé y di a un hombre del bando enemigo, que se desplomó al suelo, ya encharcado en sangre. Así siguieron muchas caras desconocidas, todas tuvieron el mismo final que la anterior. Escuché una trompeta, era extraño. No nos habían hablado de ella. Pero de repente, fue como si mi cuerpo se liberara, tiré el arma al suelo y corrí hasta el campamento base. Pregunté a qué se debía el sonido de aquel instrumento y me dijeron que habíamos vencido. Treinta segundos después todo eran lágrimas de júbilo, sonrisas que ansiaban libertad.

Yo escribo esto desde un rincón del campamento, escondido, intentando olvidar una a una todas las caras de la gente caída por mi culpa y de las familias destrozadas gracias a mi. Intento no pensar en el momento en que una carta llegue a casa de cada uno de ellos, una carta que les de las noticias de que su marido, padre, tío, sobrino, nieto, amigo, ha sido asesinado durante la batalla. No quiero imaginar las caras de toda la gente a la que he hecho daño, en todas las lágrimas que serán derramadas por mi culpa. Pero es inevitable, el sentimiento de culpabilidad me invade, y seguirá dentro de mi muchos años, carcomiéndome por dentro.

1 comentario:

  1. Joder sta mola un cojon xD. no se sabe si acaba bien o mal

    Veo q tas animao a seguir escribiendo. Me alegro

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