domingo, 21 de octubre de 2012

Como te echo de menos, no hay en el mundo un castigo.


Lo sabes. Sientes que está roto. Lleva así mucho tiempo, pero te engañabas utilizando tiritas que malamente duraban tres meses. Ha llegado un punto en el que te has dado cuenta de que es suyo, que tu corazón, aunque físicamente esté en ti, le pertenece. A él. Y te da igual el número de kilómetros que hay entre medias, te da igual el océano, te da igual todo. Es suyo desde hace mucho tiempo y va a continuar siendo así. Siempre.

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