Lo sabes. Sientes que está roto. Lleva así mucho
tiempo, pero te engañabas utilizando tiritas que malamente duraban tres meses.
Ha llegado un punto en el que te has dado cuenta de que es suyo, que tu
corazón, aunque físicamente esté en ti, le pertenece. A él. Y te da igual el
número de kilómetros que hay entre medias, te da igual el océano, te da igual
todo. Es suyo desde hace mucho tiempo y va a continuar siendo así. Siempre.
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