Todo
oscuro a tu alrededor. El cielo brilla con sus estrellas más que nunca. Te
gustaría estar con él en esta noche, sería bonito ver los dos juntos las
estrellas fugaces. Una vez más recuerdas cuánto odias la distancia, pero no te
da tiempo a pensarlo demasiado porque ves la primera. Venga, corre, pide tu
deseo. ¿Un deseo? Quieres tantas cosas y todas relacionadas con él, que no
sabes ni por donde empezar. Mientras piensas todo esto ves caer una estrella. Y
otra. Y otra más. ¿Bastarán todas esas para que se cumplan tus sueños? Cae
otra. Besarle. Cae otra. Cogerle de la mano. Cae otra. No tener que soltarle
nunca una vez os veáis. Cae otra, pero ya no te das cuenta porque en tu cabeza
aparecéis los dos juntos, prometiendo un “siempre” verdadero. Y dejas escapar
una lágrima, ninguna más. Sabes que a él no le gusta que llores ni que te dejes
machacar por la distancia. Ocho mil kilómetros no son pocos, pero te da igual.
Cuando estés con él serás feliz, cuando estés con él cambiarás el número de
kilómetros que os separan por besos. Siempre le recuerdas que tu corazón le
pertenecerá hasta que mueras, lo que él no sabe es hasta qué punto estás segura
de tus palabras.
No hay comentarios:
Publicar un comentario