viernes, 26 de octubre de 2012

Eight thousand.


Todo oscuro a tu alrededor. El cielo brilla con sus estrellas más que nunca. Te gustaría estar con él en esta noche, sería bonito ver los dos juntos las estrellas fugaces. Una vez más recuerdas cuánto odias la distancia, pero no te da tiempo a pensarlo demasiado porque ves la primera. Venga, corre, pide tu deseo. ¿Un deseo? Quieres tantas cosas y todas relacionadas con él, que no sabes ni por donde empezar. Mientras piensas todo esto ves caer una estrella. Y otra. Y otra más. ¿Bastarán todas esas para que se cumplan tus sueños? Cae otra. Besarle. Cae otra. Cogerle de la mano. Cae otra. No tener que soltarle nunca una vez os veáis. Cae otra, pero ya no te das cuenta porque en tu cabeza aparecéis los dos juntos, prometiendo un “siempre” verdadero. Y dejas escapar una lágrima, ninguna más. Sabes que a él no le gusta que llores ni que te dejes machacar por la distancia. Ocho mil kilómetros no son pocos, pero te da igual. Cuando estés con él serás feliz, cuando estés con él cambiarás el número de kilómetros que os separan por besos. Siempre le recuerdas que tu corazón le pertenecerá hasta que mueras, lo que él no sabe es hasta qué punto estás segura de tus palabras.

No hay comentarios:

Publicar un comentario