viernes, 12 de octubre de 2012

Fat, fatter, the fattest.


Nunca marca el número que te gustaría, el espejo tampoco refleja lo que deseas, en cambio, tu mente juega como quiere y te hace ver cosas que no son, grasas inexistentes. Hace tiempo que empezaste a dejar de comer, a despreciar la idea de comerte un plato de comida entero. Pero pensaste que llegarías de una manera aún más fácil a esa imagen que tanto anhelas. Comenzaste a comer más delante de tus padres para que no se preocuparan, para luego, sin que se dieran cuenta, expulsar todo ese alimento de forma antinatural. No hacía daño, era solo meterse los dedos en la garganta y tú creíste que al no hacer daño, no era malo. Tus amigos te han dicho millones de veces que no hagas eso, que es tontear con la muerte, que estás más desmejorada porque has perdido mucho peso, pero claro, para ti no es suficiente. Te pesas todos los días esperando que suceda un milagro y aparezca un dígito en la báscula que te guste, pero nunca llega, porque no te conformas con los cuarenta y cinco que marca, cada vez quieres que baje más, y cuando baja, más aún. No quieres ayuda, según tú, no la necesitas porque son paranoias de los demás. Tú no lo crees, pero en tu casa, se quedan en silencio por la impotencia de escuchar a todas horas arcadas a través de la puerta del baño. Pero tranquila, ¿eh? Que para ti, eso no es ningún problema.

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